domingo, 4 de diciembre de 2011

A DOS SERES FORJADOS EN LA AMARGURA.

             Tengo que mandar un fuerte abrazo a mi buen amigo, colega y perteneciente a la generación del Amagatotis: PEPE COSTERO...En Enero del 2.000 en el Nº14 de la revista ¡Hasta siempre!,  primera edición del siglo XXI, nos obsequió con uno de sus trabajos sobre biografías de poetisas, en esta ocasión la de Virginia Woolf. También se publicó un relato breve de la recordada poetisa; Francisca Geijo.
            En la contraportada de la revista incluimos un poema escrito por mí donde enlazaba la personalidad de ambas escritoras, titulado: A dos seres forjados en la amargura.


           A DOS SERES FORJADOS
                             EN LA AMARGURA.

                                     Dos vidas
                                      dos gotas de luz
                                      se apagan
                                      se esfuman
                                           del cirio de la existencia,
                                      sin dramas
                                      sin gritos
                                      sin derramar torrentes de agua,
                                      nada más que porque sí,
                                      porque dos mujeres
                                            dos seres,
                                     se entrecruzan
                                            en sus novelas
                                                     en sus poesías,
                                     en el amor desgarrado
                                     en la pasión tormentosa
                                     en sus esquizofrenias únicas e íntimas,
                                     sensibles
                                     obcecadas
                                            una vez
                                                       y
                                                        más veces
                                      hacia la desdicha
                                            el dolor
                                      y a los abismos
                                                del esperado suicidio.

                                                      -Joseba Ayensa (Poeta cantor.)-

                                       Francisca Geijo


                    La vida es una escuela, una escuela instalada y desmantelada casi constantemente y sin ternernos en cuenta. Una escuela que se alza o desmorona en insólitos parajes donde jamás pensamos que allí pudiera crecer o disiparse algo, y mucho menos que soñarlo; un paraje como las celdillas rombóideas de una colmena donde has de penetrar cada día con tu carga, tu polen, tu miel, y cuando hay charcos que te impiden llegar a la floresta, regresarás a ella con las alas borrachas de lluvia, empapadas de gotas y sin saber qué diablo o portento te ayudó en el regreso, qué fuerza propulsó tus patitas de alambre, tu corazón menguado.
                  Ni en seco ni en mojado sabrás jamás cuando tu entrada a la celdilla será sobrado, innecesario, cuando habrás de buscarte otra donde seguir almacenando miel; ni siquiera cuando el granjero decidirá levantar la colmena, llevársela a otro prado donde desorientada, de la mano del aire, a veces engañoso, a veces juguetón, racheado a alegre, te acercará el aroma de la flor necesaria.
                 La vida es una escuela, lo voy asimilando no conformándome sino mas bien deformándome, derruyendo ante la decisión que por ella eligió el Destino. Una terrible escuela muchas veces, en un lugar remoto, donde no llegamos, por más que se intentó, ni la familia, las compañeras de colegio, las amigas, su más rebelde educador y amigo, el pastor de su alma...
                Todo lo dejó atrás, hace hoy justo tres años, sonriendo, indecisa, mirando indefinible no sé a dónde cada vez que mis ojos la abrazaban; serenamente escueta y fingida o claramente cariñosa ¿Cómo podré saberlo?. Eso sí, dijo que no regresaría jamás a la celdilla que día a día fui llenando para ella de miel, expresión que tomé como una prepotencia más que deliberada lógica, de rebeldía lógica ante sus recién estrenados dieciocho años. Su mayoría de edad...
               Ella tenía razón, yo siempre he sido torpe para ver los mañanas, los futuros y en las estrellas ninguna otra señal que la de la belleza de esos agujeritos brillantes, a veces azulados, festejando la noche. Ella tenía razón, ninguna de las dos volverá a traspasar tan siquiera el umbral de la vieja colmena que fuimos a anidar exactamente un primero de Mayo.
               Con su marcha, cuando al pasar los días un rumor en el aire puso de sopetón sobre vacío lo indefinible de aquella mirada y con la claridad de la respuesta todo se emborronó, también yo me dejé al azar, me abandoné al Destino que por entonces se llamaba Rocío o manantial ¡Y así perdí las alas entre no se qué gota o qué avalancha!.
               El Destino, el granjero ¡Qué sé yo! que sé yo si tal vez me ahuyentó hasta aquí su recuerdo inasible, borroso; mas turbio cada vez, a cada vez mas triste.
              No volvió, como la mujer de sal, su cabeza al partir, mientras yo me tomaba de adarce caminando de espaldas hacia la salida tratando de grabarme su imagen, contra el tiempo, en la retina. Creí ver reflejado en su perfil la melancolía, pero...era dificil ¿Y con qué derecho? arrancarla de cuajo de sus sueños, que yo entonces pensaba que era otros.
              De haberlo sabido tal vez hubiera llamado a los bomberos, a la ambulancia, a...¡Pero la dejé volar!.
              Desde que se fué, hace ahora justo tres años, a aprender lo que es la escuela de la vida, desde que se fué ha venido dos veces la ambulancia, he sido rescatada por dos veces.
              Y hoy que Febrero amanece con el sol diurno y la noche tiene su toque de luz en el plenilunio,yo, aquí, desde "mi escuela" me alegro de estar viva por si un día también ella sobrevive a las ambulancias, los bomberos, la vida, y se posa ante mí como un gorrión o una menuda abeja. ¡Tengo de miel repleta la colmena y las dos sin probarla!.

                                                              -Francisca Geijo-


                                        Virginia Woolf



                                      
                                                                  -Pepe Costero-



2 comentarios:

  1. Las mujeres lo han tenido (y aún lo tienen) más difícil que los hombres. Por eso, cuando sobresalen en un mundo de hombres tienen mucho más mérito porque tienen que luchar hasta con su misma tradición.

    Un abrazo, Joseba.
    Pedro

    ResponderEliminar
  2. Haces bien en volver a recordarlas. En recordar a Francisca Geijo.
    Aún estaba entre nosotros Florentino.
    Cuánto nos marcaron a todos los que los conocimos.

    ResponderEliminar